Los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS) documentaron recientemente una escena cósmica impresionante: el brillo atmosférico de la Tierra yuxtapuesto con la Gran Nube de Magallanes, una galaxia enana cercana. La imagen, capturada el 28 de noviembre de 2025 con una cámara Nikon Z9, resalta la marcada diferencia entre ver el cielo nocturno desde la Tierra y desde el espacio.

El resplandor del aire de la Tierra: un velo quitado

Desde la tierra, la atmósfera se dispersa y atenúa la luz de las estrellas, creando el familiar cielo nocturno. Pero desde la órbita, este velo desaparece. La tripulación de la ISS observó un resplandor de aire vibrante a lo largo del horizonte de la Tierra: capas luminosas de azul, amarillo, verde y rojo. Este fenómeno natural ocurre cuando los átomos y moléculas de la atmósfera superior liberan energía después de ser excitados por la luz solar y reacciones químicas. El efecto es un brillo sutil visible para los astronautas, pero que no es fácil de ver desde abajo.

La Gran Nube de Magallanes: una vecina galáctica

Dominando el centro de la imagen está la Gran Nube de Magallanes (LMC), una galaxia enana a unos 160.000 años luz de distancia. Para los observadores del hemisferio sur, la LMC aparece como una tenue mancha. Desde el espacio, se presenta como una neblina densa de estrellas, gas y nebulosas, tan agrupadas que las luces individuales se confunden formando una nube brillante.

Por qué esto importa: un laboratorio cósmico

La LMC no sólo es visualmente impactante; es científicamente valioso. Su proximidad y visibilidad relativamente clara lo convierten en un lugar privilegiado para estudiar la formación estelar y la evolución galáctica. Los astrónomos utilizan el LMC para comprobar si los procesos observados en nuestra Vía Láctea también ocurren en condiciones ligeramente diferentes en otras galaxias.

“El LMC ofrece un laboratorio natural para comprender cómo evolucionan las estrellas y el polvo interestelar con el tiempo.”

La galaxia es famosa por albergar la Supernova 1987A, la supernova observada más cerca en siglos. Este evento brindó a los científicos una oportunidad sin precedentes para estudiar las consecuencias de una explosión estelar durante décadas, observando cómo la explosión interactuaba con el gas y el polvo circundantes, incluido un anillo brillante que continuó brillando mucho después del destello inicial. Los restos de la supernova también revelaron la formación de nuevo polvo, material crucial para las futuras estrellas y planetas.

Esta imagen es un recordatorio de que las observaciones espaciales ofrecen conocimientos únicos del universo, sin el filtro de las distorsiones atmosféricas. La combinación del brillo del aire de la Tierra y una galaxia distante en un solo cuadro subraya la belleza y complejidad de nuestro entorno cósmico.