La Luna está a punto de convertirse en un vertedero de satélites y naves espaciales obsoletos a medida que la actividad lunar se acelere en las próximas dos décadas. Con cientos de misiones planeadas –incluidas Lunar Gateway de la NASA, bases chino-rusas y la constelación Moonlight de la ESA–, la cuestión de la eliminación de desechos lunares ya no es hipotética; es una realidad inminente. A diferencia de la Tierra, donde los satélites se queman en la atmósfera, la falta de atmósfera de la Luna significa que no existe un mecanismo de limpieza natural.
La próxima inundación de escombros lunares
El aumento de las misiones lunares conducirá inevitablemente a un número creciente de satélites muertos. Sin una alternativa viable, la solución más práctica para los operadores es estrellar intencionalmente estos satélites contra la superficie lunar. Este enfoque no es sólo un último recurso; es el más rentable dadas las limitaciones de la tecnología y la mecánica orbital actuales. Enviar satélites a la órbita solar o mantener órbitas lunares remotas y estables requiere un gasto sustancial de combustible y enfrenta desafíos debido al campo gravitacional irregular de la luna.
La verdadera preocupación no es simplemente la presencia de escombros, sino dónde aterrizan. Los impactos a velocidades de 1,2 millas por segundo generarán vibraciones significativas, lo que potencialmente alterará los instrumentos científicos sensibles. Las cicatrices de estos accidentes podrían abarcar decenas de metros y las nubes de polvo resultantes amenazan con oscurecer los telescopios y dañar los equipos.
Protección de los puntos de referencia lunares
Los investigadores ya están discutiendo el establecimiento de “zonas de cementerio” designadas, áreas específicas donde las naves espaciales pueden estrellarse sin amenazar lugares cultural o científicamente significativos. Estos incluyen las primeras huellas de astronautas, misiones en curso y áreas prístinas de interés científico.
“Establecer zonas de cementerio en la Luna es la solución más práctica”, dice Ben Hooper, director senior de proyectos de SSTL. “Designar regiones específicas como ‘zonas de impacto’ limitaría la propagación de artefactos humanos a través de la superficie lunar”.
El Equipo de Acción de las Naciones Unidas sobre Consulta sobre Actividades Lunares (Atlac) y el Comité Interinstitucional de Coordinación de Desechos Espaciales (IADC) están trabajando para lograr mejores prácticas, pero aún se están desarrollando regulaciones concretas. Los Acuerdos Artemis de Estados Unidos también promueven este enfoque, sugiriendo que los choques controlados en zonas designadas serán la norma.
Convertir un problema en una oportunidad
Curiosamente, es posible que los choques intencionales no sean del todo destructivos. Los investigadores sugieren que los impactos de objetos conocidos podrían generar ondas sísmicas, ofreciendo una oportunidad única para estudiar la estructura interna de la luna. Al controlar la masa, la geometría y la velocidad, los científicos pueden crear un experimento controlado para mapear el interior lunar.
La inevitable acumulación de desechos de naves espaciales en la Luna es una consecuencia directa de la expansión de las actividades espaciales. Si bien las regulaciones y las zonas de impacto designadas pueden mitigar los daños, el efecto a largo plazo será la creación de paisajes lunares artificiales, marcados para siempre por la presencia humana.
























