Un estudio reciente revela una dinámica climática sorprendente: la fuerte disminución de la actividad industrial humana durante la pandemia de COVID-19 aumentó los niveles de metano atmosférico, no los disminuyó. Esto no se debió a mayores emisiones, sino a que la reducción de la contaminación debilitó la capacidad natural de la atmósfera para descomponer el potente gas de efecto invernadero. El aumento temporal pone de relieve una interacción crítica y contraintuitiva entre las emisiones humanas y los procesos atmosféricos naturales.

La limpieza atmosférica interrumpida

El estudio, publicado en Science el 5 de febrero, encontró que el 83% del aumento sin precedentes de metano en 2020 estuvo directamente relacionado con menores emisiones de óxidos nitrosos, subproductos de los motores de combustión. Estos óxidos desempeñan un papel crucial en la formación de radicales hidroxilo (OH), a menudo llamados “moléculas de limpieza” de la atmósfera. Los radicales OH destruyen el metano, el monóxido de carbono y otros contaminantes oxidándolos. Cuando la actividad humana disminuyó, también lo hicieron las emisiones de óxido nitroso, lo que provocó menos radicales OH y permitió que se acumulara metano.

Este efecto es particularmente significativo porque el metano es aproximadamente 30 veces más eficaz para atrapar el calor que el dióxido de carbono, aunque no permanece tanto tiempo en la atmósfera. El comportamiento inesperado demuestra que simplemente reducir algunas emisiones no se traduce automáticamente en un aire más limpio; La química atmosférica es mucho más compleja.

También contribuyeron fuentes biológicas

Si bien la perturbación de la contaminación humana fue el principal impulsor del aumento, los investigadores también identificaron una contribución del 20% del aumento de las emisiones naturales de metano. Las condiciones extremadamente húmedas en África tropical, exacerbadas por La Niña y los patrones climáticos dipolo del Océano Índico, inundaron humedales e impulsaron la producción de metano a partir de la vegetación y el ganado en descomposición. La firma isotópica del exceso de metano apunta a un aumento de las fuentes biológicas.

El estudio utilizó datos satelitales, mediciones terrestres y modelos avanzados para aislar el impacto relativo de estos dos factores. Confirmó que las emisiones de combustibles fósiles se mantuvieron relativamente estables durante este período, mientras que las emisiones biológicas aumentaron significativamente.

Qué significa esto para el cambio climático

El aumento de los niveles de metano se estabilizó en 2023 cuando la pandemia disminuyó y los patrones climáticos se normalizaron, pero el evento sirve como un crudo recordatorio de la interconexión de los sistemas climáticos. La potencia a corto plazo del metano lo convierte en un factor crítico en el calentamiento a corto plazo. El estudio subraya que centrarse únicamente en reducir las emisiones de CO₂ es insuficiente; gestionar el metano y comprender sus complejas interacciones atmosféricas son igualmente vitales.

Como explica el profesor Euan Nisbet de la Universidad Royal Holloway de Londres, “el metano tiene un período de 10 años, por lo que está girando todo el tiempo y nos dice que está sucediendo algo grande. Se trata de una retroalimentación climática y las grandes fuentes biológicas se están activando, por lo que tenemos que trabajar el doble de duro”. Los hallazgos enfatizan que la crisis climática no es una ecuación lineal y que pueden surgir consecuencias inesperadas incluso de intervenciones bien intencionadas.