Los bonobos, uno de nuestros parientes primates más cercanos, exhiben la capacidad de participar en juegos imaginativos, una habilidad cognitiva que antes se pensaba que era exclusivamente humana. Un nuevo estudio proporciona la primera evidencia experimental rigurosa de que estos simios pueden comprender y rastrear objetos imaginarios en escenarios controlados. Esto sugiere que la capacidad de pensamiento imaginativo puede haber evolucionado mucho antes en nuestra historia evolutiva compartida de lo que se suponía anteriormente.
El experimento: cómo los bonobos “fingen”
Los investigadores probaron a Kanzi, un bonobo fallecido conocido por sus avanzadas capacidades cognitivas, mediante una serie de experimentos cuidadosamente diseñados. Primero, se entrenó a Kanzi para que señalara vasos que contenían jugo como recompensa. Luego, los científicos fingieron verter jugo en vasos vacíos, manipulando el escenario para engañar a Kanzi e identificar qué vaso contenía el líquido imaginario.
Sorprendentemente, Kanzi seleccionó correctamente la copa “llena” en 34 de 50 intentos. No se trataba de un comportamiento aprendido: Kanzi no recibió ninguna recompensa por las respuestas correctas, lo que eliminó la posibilidad de simplemente imitar señales humanas.
Para asegurarse de que Kanzi no se confundiera con el jugo real, el experimento se repitió con una taza que realmente contenía líquido. En 14 de 18 intentos, Kanzi eligió la taza con jugo real, demostrando que podía distinguir entre contenidos tangibles e imaginarios. Una tercera prueba confirmó que Kanzi podía identificar la ubicación de una uva inexistente en un recipiente transparente.
Por qué esto importa: las raíces de la imaginación
Los hallazgos del estudio son importantes porque nos obligan a repensar de dónde viene la imaginación. Durante décadas, los científicos asumieron que el juego imaginativo era un rasgo exclusivamente humano. Ahora vemos que los bonobos, que comparten aproximadamente el 98% de nuestro ADN, también pueden seguir escenarios imaginarios.
La Dra. Amalia Bastos, investigadora principal, sugiere que esta capacidad probablemente se remonta a nuestro último ancestro común con los bonobos, hace entre 6 y 9 millones de años. Esto significa que los fundamentos del pensamiento imaginativo no son un desarrollo reciente; están profundamente arraigados en la evolución de los primates.
Más allá de Kanzi: lo que esto significa para la cognición de los simios
Si bien Kanzi estaba excepcionalmente bien entrenado para interactuar con humanos, los resultados aún ofrecen una visión innovadora.
La profesora Zanna Clay, de la Universidad de Durham, señala que si bien se necesita más investigación sobre simios salvajes o menos entrenados, el estudio cuestiona la noción de que la imaginación es algo exclusivo de los humanos. Dadas las complejas presiones sociales y ecológicas que enfrentan los simios, sería más sorprendente si carecieran de esta flexibilidad cognitiva.
Como concluyen Bastos y Krupenye, la capacidad de representar objetos imaginarios no es exclusivamente humana, lo que sugiere un vínculo evolutivo más amplio entre la imaginación y la inteligencia de los primates.
Este descubrimiento no se trata sólo de los bonobos; se trata de comprender cómo evolucionó la mente humana. Si nuestros parientes más cercanos pueden participar en juegos imaginativos, sugiere que esta capacidad no fue un salto repentino hacia adelante, sino un desarrollo gradual moldeado por millones de años de evolución de los primates.
