Durante siglos, los científicos se preguntaron cómo las aves logran una visión clara a pesar de carecer de vasos sanguíneos en la retina, una rareza fisiológica entre los vertebrados. Una nueva investigación revela la respuesta: las retinas de las aves no necesitan oxígeno. En cambio, siguen una dieta extrema en azúcar, un descubrimiento que reescribe nuestra comprensión de la función neuronal.
La zona libre de oxígeno
Las retinas son normalmente tejidos hambrientos de energía, alimentados por el oxígeno suministrado a través de los vasos sanguíneos. Sin embargo, las retinas de las aves, particularmente en especies como los pinzones cebra, son inusualmente gruesas y están completamente desprovistas de estos vasos. Esto significa que las capas más profundas de las células nerviosas no reciben oxígeno directamente. Investigadores de la Universidad de Aarhus en Dinamarca finalmente midieron esto implantando sensores de oxígeno en los ojos de pinzones vivos. Los resultados lo confirmaron: estas células funcionan en un ambiente libre de oxígeno.
Un subidón de azúcar: el papel del pecten
Si no es oxígeno, ¿qué alimenta estas células? La clave está en la glucólisis, un proceso metabólico que descompone los azúcares para obtener energía sin oxígeno. Pero la glucólisis es ineficaz y requiere 15 veces más glucosa que el metabolismo basado en oxígeno. Entonces, ¿cómo suministran las aves suficiente azúcar?
La respuesta es el pecten oculi, una estructura en forma de peine en los ojos de los pájaros que durante mucho tiempo se sospecha que suministra oxígeno. Nuevas mediciones muestran que no transporta oxígeno en absoluto. En cambio, el pecteno bombea agresivamente glucosa a la retina, cuatro veces más de lo que consumen las células cerebrales, para mantener el motor de la glucólisis en marcha.
Por qué esto es importante
El descubrimiento es un cambio neurobiológico. Demuestra que algunas neuronas pueden funcionar sin oxígeno, un concepto que antes se consideraba imposible. Esta adaptación puede haber evolucionado para mejorar la agudeza visual en las aves, a pesar del costo metabólico. También plantea preguntas sobre por qué las aves dependen de un proceso tan ineficiente para la visión, ya que requiere una enorme ingesta de azúcar.
Las implicaciones se extienden más allá de la biología aviar. Si las células humanas pudieran diseñarse para tolerar condiciones sin oxígeno, podrían ofrecer avances en el tratamiento de afecciones como el accidente cerebrovascular, donde la falta de oxígeno causa daño cerebral.
Los hallazgos subrayan que la evolución a menudo encuentra soluciones contraintuitivas a las limitaciones físicas, lo que nos recuerda que los diseños de la naturaleza no siempre son lo que parecen.























