Durante más de una década, las plataformas de redes sociales han sido en gran medida intocables legalmente, protegidas por leyes diseñadas para proteger la libertad de expresión y el gran volumen de contenido generado por los usuarios. Pero eso puede estar a punto de cambiar. Dos demandas históricas en California no están dirigidas al contenido de plataformas como Meta (Facebook, Instagram), Google (YouTube), Snap (Snapchat), TikTok (ByteDance) y Discord, sino al diseño de las plataformas mismas. ¿El argumento central? Que estas funciones están diseñadas deliberadamente para ser adictivas y que las empresas deberían ser consideradas responsables del daño psicológico que infligen, especialmente a los jóvenes.
El aumento de las demandas centradas en las adicciones
Las demandas, presentadas por distritos escolares, padres e individuos, alegan que el desplazamiento interminable, los videos de reproducción automática, las notificaciones constantes y las fuentes algorítmicas explotan a los usuarios al secuestrar su atención. No se trata de controlar lo que la gente publica; se trata de que las plataformas creen intencionalmente un entorno que mantenga a la gente enganchada. Los demandantes argumentan que estos “defectos” convierten a las redes sociales en productos adictivos, similares a las máquinas tragamonedas, diseñados para maximizar la participación a toda costa.
Este es un cambio crítico en la estrategia. Tradicionalmente, las batallas legales se centraban en la moderación de contenidos (bullying, vídeos dañinos, etc.). Pero los casos actuales pasan por alto esos debates y se centran en los mecanismos subyacentes que impulsan la adicción. Este enfoque elude las protecciones de la Primera Enmienda que a menudo invocan las empresas de tecnología.
Sección 230 y el Escudo de la libertad de expresión
Durante años, los gigantes de las redes sociales se han beneficiado de la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, que en gran medida los protege de la responsabilidad por el contenido publicado por los usuarios. Esta ley, redactada en la década de 1990, tenía sentido cuando Internet era un espacio incipiente. Pero hoy en día, permite a las empresas evitar la responsabilidad incluso cuando se ha demostrado que sus plataformas dañan a los usuarios.
Varios estados han intentado regular las redes sociales centrándose en el contenido, aprobando leyes para limitar el acceso de menores o prohibir el recuento de “me gusta”. Sin embargo, estos esfuerzos han fracasado en gran medida, ya que las empresas argumentaron con éxito que violan los derechos de libertad de expresión. Las demandas en California evitan esta trampa argumentando que el diseño de las plataformas es el problema, no el discurso en sí.
¿Un ajuste de cuentas al estilo del tabaco?
La estrategia legal se hace eco de los casos iniciados contra las empresas tabacaleras en los años 1990. Luego, el gobierno argumentó que las empresas sabían que sus productos eran dañinos pero ocultaban la verdad. Ahora, los demandantes alegan que las empresas de redes sociales también sabían que sus plataformas eran adictivas y explotadoras, pero continuaron priorizando la participación sobre el bienestar de los usuarios.
Los documentos internos filtrados de Meta ya sugieren que la empresa era consciente de la naturaleza adictiva de sus productos. Una comunicación interna supuestamente describió a Instagram como una “droga”, y los empleados reconocieron que eran “básicamente traficantes”. Estos documentos, junto con otros de YouTube, se están utilizando para pintar una imagen de negligencia y daño intencional.
El impacto potencial
Si tienen éxito, estas demandas podrían obligar a las empresas de redes sociales a cambiar fundamentalmente sus diseños. Es posible que se les exija eliminar funciones que fomenten la adicción, advertir a los usuarios sobre los efectos nocivos del uso excesivo o incluso enfrentar sanciones económicas por el daño causado.
Los juicios están en curso, pero las implicaciones son claras: la ley estadounidense puede finalmente ponerse al día con la realidad de que las redes sociales no son sólo una herramienta para conectarse; Es un producto diseñado para explotar la psicología humana. Esto podría desencadenar una ola de regulación y obligar a las empresas tecnológicas a asumir la responsabilidad de las consecuencias negativas de sus plataformas.























