Un estudio reciente ha vinculado definitivamente el reingreso incontrolado de un cohete SpaceX Falcon 9 con un aumento significativo en los niveles de litio en la atmósfera superior de la Tierra. Esto marca el primer caso confirmado de contaminación atmosférica directa causada por desechos espaciales identificables. Los hallazgos plantean preocupaciones sobre el creciente impacto ambiental de los frecuentes lanzamientos de cohetes, particularmente porque SpaceX planea aumentar drásticamente los despliegues de satélites en los próximos años.
El incidente y los hallazgos
En febrero de 2025, un cohete SpaceX Falcon 9 falló durante el vuelo, lo que provocó una espectacular bola de fuego visible sobre Europa Occidental. Los investigadores del Instituto Leibniz de Física Atmosférica de Alemania aprovecharon la oportunidad para investigar la posible contaminación atmosférica. Utilizando métodos de detección basados en láser, encontraron un aumento de diez veces en las concentraciones de litio a aproximadamente 100 kilómetros sobre la Tierra después de la desintegración del cohete.
La cantidad de litio liberada por el único reingreso del Falcon 9 (aproximadamente 30 kilogramos) excede con creces la entrada atmosférica diaria de fuentes naturales como los meteoros (estimada en 50 a 80 gramos). La estructura del cohete incluía aleaciones de aluminio y litio, un material común en la ingeniería aeroespacial, que se vaporizaba durante el reingreso.
Implicaciones más amplias para la salud atmosférica
Si bien el litio es el primer contaminante confirmado directamente relacionado con un cohete, los científicos están más preocupados por los efectos a largo plazo del aluminio y los óxidos de aluminio sobre la capa de ozono. La contaminación de aerosoles podría alterar la regulación climática, alterando potencialmente la temperatura atmosférica y los patrones climáticos.
Este campo de estudio emergente está todavía en sus inicios, lo que dificulta predecir el alcance total del daño. Sin embargo, se han establecido paralelismos con el impacto histórico de los clorofluorocarbonos (CFC) en la capa de ozono, lo que destaca la necesidad de estrategias proactivas de seguimiento y mitigación.
El creciente problema de los desechos espaciales
El incidente de SpaceX pone de relieve una crisis creciente: casi 30.000 piezas de escombros orbitan actualmente la Tierra, lo que representa una amenaza para los satélites operativos, la Estación Espacial Internacional y, eventualmente, el planeta mismo. SpaceX de Elon Musk, el actor dominante en los lanzamientos espaciales comerciales, tiene planes ambiciosos para lanzar un millón de satélites para respaldar los centros de datos de inteligencia artificial en órbita.
Esta expansión agresiva conducirá inevitablemente a reingresos incontrolados más frecuentes, lo que exacerbará la contaminación atmosférica. Los llamados a una regulación internacional, incluidos los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, son cada vez más fuertes a medida que las actividades espaciales salen de la Tierra.
SpaceX no respondió a las solicitudes de comentarios sobre este asunto. La empresa tampoco respondió a los investigadores cuando les enviaron sus hallazgos directamente.
La situación exige atención inmediata. Así como los científicos rastrearon la contaminación con CFC hace décadas, la medición y regulación proactivas son cruciales para evitar daños irreversibles a la atmósfera de la Tierra. Sin intervención, el creciente campo de escombros seguirá contaminando nuestro planeta a medida que vuelva a caer.
