Por primera vez, los investigadores han observado y medido directamente la contaminación atmosférica creada por el reingreso de la etapa de un cohete SpaceX casi en tiempo real. Este avance, logrado utilizando un instrumento láser especializado llamado LIDAR, marca un importante paso adelante en la comprensión del impacto ambiental de la creciente basura espacial. El estudio confirma que las naves espaciales que reingresan liberan cantidades sustanciales de materiales (particularmente litio) a la atmósfera, lo que genera preocupación sobre los efectos a largo plazo sobre el clima y la química atmosférica.
La observación: una columna de humo del Falcon 9 sobre Europa
El 20 de febrero de 2025, una etapa superior de un cohete SpaceX Falcon 9 se desintegró sobre Europa, esparciendo escombros por toda Polonia. Investigadores del Instituto Leibniz de Física Atmosférica en Alemania aprovecharon la oportunidad para medir la columna de contaminación resultante. Utilizando LIDAR, detectaron un aumento diez veces mayor en la densidad del litio a una altitud de aproximadamente 60 millas (96 kilómetros) aproximadamente 20 horas después de que el cohete se vaporizara cerca de la costa irlandesa.
El equipo verificó sus hallazgos utilizando modelos de circulación atmosférica, confirmando que la columna observada se alineaba con la trayectoria prevista de los escombros que reingresaban. Este método de verificación es esencial porque las condiciones atmosféricas pueden dispersar rápidamente los contaminantes, lo que dificulta un seguimiento preciso sin un modelo sofisticado.
¿Por qué litio? Un trazador atmosférico único
Los investigadores se centraron en el litio porque es naturalmente escaso en la atmósfera. Esto lo convierte en un marcador ideal para identificar la contaminación causada por reingresos provocados por el hombre. Según el autor principal, Robin Wing, las naves espaciales, especialmente aquellas con cascos de aluminio y litio y baterías de litio, pueden aportar significativamente más litio en un solo evento que las fuentes naturales.
“Estimamos que un solo cohete Falcon 9 puede liberar alrededor de 30 kilogramos de litio, mientras que las fuentes naturales aportan sólo unos 80 gramos por día a nivel mundial.”
El creciente problema de los desechos espaciales
El creciente número de satélites en órbita significa reingresos más frecuentes de basura espacial. La Agencia Espacial Europea estima que más de tres piezas de escombros regresan a la Tierra diariamente, liberando cientos de toneladas de material a la atmósfera anualmente. Si bien su cantidad es menor que la de los meteoritos naturales, estos desechos artificiales representan una amenaza única debido a su composición.
A diferencia de las rocas espaciales naturales, las naves espaciales contienen materiales como aluminio y litio, que pueden alterar la capa de ozono y alterar el equilibrio térmico atmosférico. El aluminio, en particular, reacciona rápidamente con el oxígeno, formando alúmina, un conocido destructor de la capa de ozono. Medir el aluminio directamente es un desafío debido a su rápida velocidad de reacción, pero los científicos pretenden perfeccionar sus métodos para futuras observaciones.
Investigaciones futuras e implicaciones
El equipo de Leibniz está desarrollando ahora un sistema LIDAR más avanzado capaz de detectar múltiples compuestos metálicos simultáneamente. Esto les permitirá diferenciar con mayor precisión entre la contaminación procedente de naves espaciales y la de fuentes naturales.
Eloisa Marais, profesora de Química Atmosférica del University College de Londres, destaca la importancia de esta investigación para mejorar los modelos ambientales. El modelado preciso es crucial para evaluar el verdadero impacto global de las reentradas de naves espaciales.
El estudio confirma lo que los científicos sospechaban desde hace mucho tiempo: las reentradas de desechos espaciales no son ambientalmente neutrales. Esta observación directa proporciona una base fundamental para futuras investigaciones y destaca la necesidad de prácticas espaciales sostenibles para mitigar los efectos a largo plazo de la contaminación orbital.
