Un mapa de alta resolución recientemente publicado revela que los Estados Unidos contiguos contienen la asombrosa cantidad de 306.500 kilómetros cúbicos de agua subterránea, equivalente a 13 veces el volumen combinado de todos los Grandes Lagos. Este hallazgo, publicado por investigadores de la Universidad de Princeton, proporciona la estimación más precisa hasta la fecha de las reservas ocultas de agua dulce del país, un recurso mucho más sustancial de lo que se pensaba anteriormente.
La escala del agua oculta
Durante décadas, la comprensión de las reservas de agua subterránea se ha visto obstaculizada por la dificultad de medirlas directamente. Si bien el agua superficial es fácilmente visible, los acuíferos subterráneos permanecen en gran medida invisibles. El nuevo mapa aprovecha más de un millón de mediciones tomadas entre 1895 y 2023, junto con datos satelitales y aprendizaje automático, para crear una imagen detallada hasta una profundidad de 392 metros (aproximadamente 1286 pies).
Las estimaciones anteriores variaron ampliamente, oscilando entre 159.000 y 570.000 kilómetros cúbicos. La última evaluación reduce significativamente este rango y ofrece una resolución hasta 10.000 veces mayor que los métodos anteriores. La diferencia no es meramente académica; Reducir la resolución del mapa redujo artificialmente la estimación en un 18%, lo que demuestra la importancia de los datos precisos.
Por qué esto es importante: el agua subterránea como reserva estratégica
Este descubrimiento destaca el papel fundamental que desempeña el agua subterránea en la gestión del agua. Los hidrólogos suelen comparar el agua superficial con una cuenta corriente (utilizada para necesidades inmediatas), mientras que el agua subterránea funciona como una cuenta de ahorro que se acumula con el tiempo. Sin embargo, hasta ahora, carecíamos de una comprensión precisa de cuánto había en esa cuenta.
Las implicaciones son de gran alcance. El agua subterránea sustenta la agricultura, la industria y el suministro de agua municipal, particularmente en regiones áridas y semiáridas. Conocer el verdadero alcance de estas reservas permite una mejor planificación, especialmente cuando el cambio climático intensifica las sequías y aumenta la demanda.
Cómo se creó el mapa: un enfoque de aprendizaje automático
El mapa se creó combinando observaciones de pozos, datos satelitales (incluida la misión GRACE de la NASA) y factores ambientales como la precipitación y el tipo de suelo. Luego, el equipo de investigación entrenó un modelo de aprendizaje automático para llenar los vacíos y extrapolar a partir de los datos existentes.
Curiosamente, el “sesgo” inherente al modelo (a menudo visto como negativo en el aprendizaje automático) resultó beneficioso. El algoritmo tuvo en cuenta implícitamente la extracción de agua humana, reconociendo la señal de bombeo y agotamiento de aguas subterráneas en los datos históricos. Esto significa que el mapa no sólo muestra cuánta agua existe sino que también refleja cómo se utiliza.
Conexiones ocultas del agua subterránea
El mapa revela que aproximadamente el 40% de los Estados Unidos contiguos tiene un nivel freático a menos de 10 metros por debajo de la superficie. Esta poca profundidad facilita la interacción entre el agua subterránea, la vegetación y la tierra, subrayando la interconexión de estos sistemas. Los datos de alta resolución también resaltan las variaciones regionales en la disponibilidad de agua subterránea, informando estrategias de gestión más específicas.
“El agua subterránea está literalmente en todas partes todo el tiempo”, dice Laura Condon, hidróloga de la Universidad de Arizona. “En algunos lugares tiene 300 metros de profundidad, en otros lugares tiene 1 metro de profundidad. Pero dondequiera que estés, excava y verás que hay agua en alguna parte”.
El nuevo mapa de aguas subterráneas no es sólo un logro científico; es una herramienta práctica para los tomadores de decisiones, los agricultores y cualquier persona preocupada por el uso sostenible del agua. La investigación subraya una verdad fundamental: el agua subterránea es un recurso esencial pero a menudo pasado por alto, y su gestión requiere datos precisos y estrategias informadas.
