Durante décadas, la física ha luchado por ir más allá de las teorías establecidas, las predicciones clave siguen siendo difíciles de alcanzar y la confianza disminuye. La búsqueda de materia oscura continúa sin detección directa y la teoría de cuerdas aún carece de predicciones verificables. En medio de este estancamiento, el físico Antony Valentini propone una idea radical en su libro Más allá del cuántico, desafiando los fundamentos de la propia mecánica cuántica.
El problema de la mecánica cuántica
La mecánica cuántica, base de la física moderna durante un siglo, se basa en el concepto de función de onda. Esta herramienta matemática describe el estado de cualquier sistema (desde partículas hasta personas) como disperso y probabilístico en lugar de localizado y definido. Cuando observamos un objeto, se dice que la función de onda “colapsa”, produciendo un resultado aleatorio regido por la regla de Born.
Sin embargo, esta interpretación plantea preguntas fundamentales: ¿La función de onda realmente representa la realidad, implicando que todo existe en múltiples estados simultáneamente (la interpretación de muchos mundos)? ¿O la función de onda es incompleta, ocultando mecanismos más profundos en juego?
Teoría de la onda piloto: una alternativa olvidada
Valentini defiende una alternativa marginada durante mucho tiempo por la física convencional: la teoría de la onda piloto, propuesta originalmente por Louis de Broglie y posteriormente refinada por David Bohm. Esta teoría postula que la función de onda es real pero actúa como una guía para las partículas, de forma muy parecida a como las ondas dirigen los objetos flotantes en el mar. Las partículas siempre tienen posiciones definidas; su comportamiento ondulatorio surge de su interacción con la onda piloto.
La teoría de la onda piloto reproduce todas las predicciones de la mecánica cuántica sin aleatoriedad inherente, pero tradicionalmente se basaba en una suposición: que las partículas se distribuyen en equilibrio con la onda. Valentini sostiene que es posible que esta suposición no siempre se haya cumplido.
Un giro cosmológico: la aleatoriedad cuántica como accidente histórico
Valentini propone que el universo primitivo estaba en un estado de desequilibrio cuántico, donde las partículas no estaban distribuidas uniformemente. A medida que el universo se enfrió, las partículas se “relajaron” hasta alcanzar su estado actual, lo que dio lugar a la aleatoriedad que observamos hoy. Esto significa que la regla de Born, y por tanto la propia aleatoriedad cuántica, pueden no ser una ley fundamental de la naturaleza sino más bien una consecuencia de la cosmología.
“Si la regla de los Nacidos no se hubiera mantenido en el universo primitivo, la comunicación instantánea a través de grandes distancias habría sido posible…”
Esta idea tiene implicaciones sorprendentes. Si la aleatoriedad cuántica no existiera en el universo primitivo, la comunicación más rápida que la luz podría haber sido posible, dejando potencialmente rastros detectables en el fondo cósmico de microondas.
Por qué esto es importante
El trabajo de Valentini es significativo porque desafía los supuestos centrales de la física moderna y ofrece una alternativa concreta a las interpretaciones ampliamente aceptadas. También revela cómo los sesgos históricos y la inercia teórica han dado forma a este campo. Si bien la teoría de la onda piloto carece de una explicación totalmente accesible, el meticuloso análisis de Valentini subraya un punto crítico: en un campo que carece de ideas audaces, su trabajo demuestra cómo es una teoría genuinamente ambiciosa.
Este libro no trata sólo de mecánica cuántica; se trata de la historia de la física y cómo llegó a su punto muerto actual. Sea o no correcta la teoría de la onda piloto, el enfoque de Valentini sirve como un potente recordatorio de que los avances fundamentales requieren cuestionar el dogma establecido.
