Luis Buñuel no sólo hizo películas. Hizo granadas envueltas en celuloide. Nacido en Calanda, España, en 1900, pasó su juventud en la Universidad de Madrid. Allí conoció a Salvador Dalí. Compartían una visión. Estaba torcido. Fue surrealista. Y en 1928 lo fusionaron en una sola película: Un chien andalou. El corto de dos minutos todavía sorprende a los espectadores de hoy. Una navaja cortando un globo ocular. No fue sólo arte. Fue un dedo medio hacia el establishment.

Buñuel no se quedó ahí. Siguió atacando las cosas que la gente consideraba sagradas. Religión. Moralidad. La burguesía. Su película L’age d’or siguió en 1930. Era anticlerical y brutal. Fue prohibido casi de inmediato. No le importaba. Realizó Tierra sin pan en 1932. Un documental. Frío. Inquebrantable. Mostró la pobreza de Extremadura. La gente lo odiaba. Las autoridades lo odiaron más.

Luego vino el largo camino. Trabajó como productor comercial en España. Aceptó un trabajo como asesor técnico en Hollywood. Fue una rutina. Pero no había terminado. Finalmente se mudó a México. El clima cambió. Los sujetos no lo hicieron. En 1950 dirigió Los olvidados. Estaba crudo. Se trataba de niños de la calle. Fue real. En 1958 realizó Nazarín. Un sacerdote que intenta hacer el bien. El mundo lo ignoró. Buñuel conocía bien esa historia.

Regresó a España en los años 60. El país todavía estaba bajo Franco. Buñuel hizo Viridiana en 1961. Parecía una historia de monjas. En realidad, fue una crítica salvaje a la Iglesia. El gobierno español lo prohibió. Lo llamaron blasfemo. El resto del mundo la llamó una obra maestra. La ironía era lo suficientemente espesa como para cortarla con una navaja.

Cómo Buñuel atacó la moral convencional

Su obra posterior se convirtió en un desmantelamiento sistemático de los valores de la clase media. No sólo mostró la vida. Mostró las mentiras que la vida se dice a sí misma. En Belle de jour (1967), exploró el deseo y la fantasía femeninos. Fue escandaloso para su época. Tristana (1970) analizó la dinámica del poder y el abuso. Fue incómodo.

Pero su sátira más aguda llegó en El discreto encanto de la burguesía en 1972. Un grupo de amigos adinerados intenta cenar. La comida nunca sucede. Interrumpido por sueños. Por la política. Por absurdo. Fue divertido. Fue cruel. Reveló el vacío de sus rituales sociales.

Siguió hasta el final. Ese oscuro objeto del deseo (1977) contó con dos actrices interpretando a la misma mujer. Fue caótico. Fue brillante. Desafió la lógica. Buñuel murió en la Ciudad de México en 1983. Pero sus películas siguen provocando. Siguen molestando. No ofrecen respuestas. Solo ofrecen preguntas que no puedes dejar de ver.

¿Quién decide qué es?