Las cadenas de televisión están entrando en pánico. No porque estén perdiendo el control, sino porque están intentando mantenerlo.

El cambio a la televisión por Internet ya no es un “tal vez”. Es una conclusión inevitable. La audiencia televisiva cayó un 4 por ciento sólo en el último trimestre de 2014. ¿Vídeo en línea? Saltó un 60 por ciento. Si las redes no atienden al mercado en línea, quedarán en el polvo. La lógica es simple. Más gente viendo contenido online significa ingresos publicitarios sin explotar.

Entonces, ¿por qué no todas las redes transmiten todo a pedido, ahora mismo, de forma gratuita?

En muchos casos, sí quieren transmitir. Pero quieren control. Quieren maximizar cada dólar. Gigantes de la radiodifusión como ABC, CBS, NBC y FOX transmiten nuevos episodios, claro. Pero hay límites. Un número limitado de episodios. Una ventana de tiempo corta.

Esta estrategia podría parecer como dejar dinero sobre la mesa. No lo es. Protege las ventas de DVD. Si toda la temporada está disponible gratis en línea, nadie compra la caja.

Pero la verdadera barrera no es sólo proteger los medios físicos. Son las tarifas de licencia.

¿Quién es realmente el propietario de tu programa?

Aquí está la parte complicada. En realidad, las cadenas de televisión no son propietarias del contenido que transmiten. Pagan por el privilegio.

Tomemos como ejemplo la NBC. Transmiten “La Voz”. Pero Mark Burnett lo creó. NBC paga a Burnett y su productora por el derecho de transmitir el programa. Venden anuncios a su alrededor. Esa es su porción.

¿Otras fuentes de ingresos? ¿Ventas de DVD? Esos van a la empresa propietaria del programa. Los productores. Los creadores.

Esto crea un conflicto. Las cadenas quieren que el streaming capte el dinero de la publicidad. Los productores quieren proteger otras fuentes de ingresos. Necesitan negociar los contratos de licencia lo más favorablemente posible.

Si una cadena exige derechos de streaming, el coste de la licencia aumenta. Tiene que ser así. El productor asume riesgos. Están cortando otras fuentes potenciales de ingresos.

¿El resultado? Un confuso revoltijo de negociaciones. Contranegociaciones. Ofertas que mueren entre la maleza.

El problema de Netflix

Los acuerdos de licencia también tienen plazos determinados. Caducan.

Por eso Netflix no lo tiene todo. A pesar de su enorme popularidad y sus grandes bolsillos, todavía le faltan sus programas favoritos.

Las empresas que poseen derechos sobre películas y programas de televisión pueden negociar tarifas más altas cuando aumenta la demanda. Los espectáculos más antiguos suelen ser más baratos. Pero hay una razón por la que puedes transmitir “Star Trek: Enterprise” y no “Los Simpson” o “Seinfeld”.

Netflix tiene que escoger y elegir. Tiene que gestionar los costes de las licencias. Tiene que esperar a que caduquen las licencias para poder renegociar. Es una partida de ajedrez con miles de millones de dólares en el tablero.

¿Qué programas sobrevivirán al cambio de streaming?

La cuestión no es sólo acerca de la conveniencia. Se trata de a quién se le paga.

Cuando ves un programa en línea, ¿quién es el beneficiario? ¿La red? ¿El productor? ¿Los actores?

La respuesta depende del contrato. Y esos contratos son viejos. Fueron escritos para un mundo en el que comprabas DVD o los sintonizabas a las 8 p.m. de un martes.

Ese mundo se ha ido. Los contratos no se han puesto al día.

Estamos asistiendo a un choque de modelos de negocio. Un lado quiere velocidad. El otro quiere influencia. El espectador está atrapado en el medio, esperando que caduque una licencia o que se cierre un nuevo acuerdo.

No se trata sólo de tecnología. Se trata de propiedad. Y la propiedad es cara.

¿Veremos algún día una biblioteca perfecta? Probablemente no. La fragmentación está integrada en la economía. Cada vez que transmites un programa, alguien pelea por la división.

El polvo no se ha asentado. Sigue aumentando.