Una crisis ambiental no es sólo una mala semana para el clima. Ocurre cuando el entorno que sustenta a una especie o población específica cambia de manera que amenaza su propia supervivencia. Piense en un ecosistema no como una colección de partes separadas, sino como una red enmarañada de interdependencia. Cuando tiras de un hilo, toda la estructura se estremece.
Esta alteración altera el delicado equilibrio. Un cambio en un elemento se produce y afecta la forma en que los organismos viven y respiran. Afecta a los factores vivos o bióticos, del mismo modo que afecta a los factores no vivos o abióticos.
Considere los elementos físicos que parecen permanentes. Agua. Temperatura. Suelo. Aire. Luz del sol. Estos son los fundamentos abióticos. Cuando cambian, todo lo demás sigue.
“Una crisis ambiental o ecológica ocurre cuando el entorno medioambiental donde habita una especie o población experimenta cambios que amenazan su continuidad.”
Los procesos naturales impulsan algunos de estos cambios. El cambio climático altera las temperaturas y los patrones de precipitación. Los volcanes entran en erupción. Los meteoritos caen. Estas fuerzas pueden devastar una región. Pero no son los únicos culpables.
Los factores bióticos también juegan un papel muy importante. Las especies migran. Otros desaparecen o se extinguen. Las especies invasoras llegan, superando a las locales. Las poblaciones de ciertos animales explotan, lo que lleva a una sobrepredación. La red se enreda con la vida misma.
Luego está el elemento humano. El factor antropogénico. Destruimos suelos. Desviamos ríos. Talamos bosques. Drenamos recursos y consumimos energía con abandono imprudente. Esta intervención provoca un severo impacto ambiental. Desencadena crisis ecológicas que la naturaleza por sí sola no podría haber sostenido.
Las características de una emergencia ecológica global
Las crisis ambientales globales afectan las condiciones básicas de vida en todo el planeta. Estamos viviendo uno ahora mismo. ¿Cómo lo reconocemos?
Mira los datos. Miles de especies se extinguen cada año. Los recursos naturales se están degradando y agotando. El planeta se está calentando. La capa de ozono ha sido dañada. Los patrones climáticos se están volviendo locos. Algunas regiones enfrentan huracanes y ciclones intensificados. Otros están sufriendo sequías que empeoran.
Agregue la negligencia humana. Derrames de petróleo en el Golfo de México. Accidentes nucleares en Chernobyl y Fukushima. Estos no son sólo accidentes. Son síntomas de un sistema bajo presión.
La pérdida de biodiversidad se está acelerando. Los hábitats están siendo destruidos. Regenerar los recursos naturales es cada vez más difícil. Ésta es la característica central de la crisis.
¿Podemos detenerlo?
Los seres humanos finalmente están despertando. Entendemos las consecuencias de nuestras acciones. Vemos cómo afectan a otras especies y formas de vida en la Tierra. Tenemos las herramientas. Tenemos la tecnología. Tenemos el conocimiento.
La barrera no es técnica. Es político. Y es psicológico.
Para evitar estas crisis ecológicas globales, los gobiernos deben promover políticas de desarrollo sostenible. Pero la política requiere voluntad. Requiere un cambio en la forma en que los habitantes ven su propia supervivencia. La voluntad de los políticos y la conciencia de los ciudadanos deben alinearse.
Sin esa voluntad política, las herramientas siguen siendo inútiles. La red sigue deshilachándose. La pregunta no es si podemos solucionarlo. Es si queremos.
















